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El Bestiario Velado

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Bestiarios: criaturas, símbolos y leyendas medievales

Descubre qué eran los bestiarios medievales, qué criaturas habitaban sus páginas y cómo animales reales y fantásticos se convirtieron en símbolos, lecciones y leyendas.

Dragón de cuatro patas y dos alas representado sobre un grimorio abierto, rodeado de símbolos del fuego, el agua, las tormentas y los tesoros.

September 7, 2026

10 min

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stás a punto de adentrarte en una de las secciones del Grimorio que más me fascina: El Bestiario Velado. Y, antes de que avances una línea más, es mi deber como guardiana del Grimorio advertirte: en estas páginas encontrarás tanto maravillas como pesadillas, y algunos de sus habitantes tienen el potencial de despertar tu imaginación…

A diferencia de sus predecesores, este bestiario no pretende limitarse a reunir criaturas en un catálogo ni extraer de ellas una enseñanza moral o religiosa, como hicieron el Physiologus y numerosos bestiarios medievales. En sus páginas quedan reflejados todos aquellos seres que alguna vez han formado, forman o llegarán a formar parte del imaginario colectivo.

Pero, antes de permitirte avanzar entre sus criaturas, quizá deba explicarte de dónde proceden las páginas que ahora estás abriendo.

Cuando las criaturas ocultaban un significado

Aunque hoy solemos relacionar la palabra bestiario con una colección de animales fantásticos, los bestiarios medievales no estaban habitados únicamente por criaturas imposibles. Entre sus páginas convivían perros, leones, elefantes y aves con unicornios, grifos, sirenas y dragones.

No esperes encontrar en ellos la separación que ahora establecemos entre un animal real y una criatura legendaria. La información que guardaban procedía de la observación, pero también de relatos de viajeros, tradiciones orales y obras copiadas y reinterpretadas durante siglos. Para alguien que jamás hubiera visto un cocodrilo, un elefante o una ballena, sus descripciones podían resultar tan extraordinarias como las de cualquier bestia nacida de una leyenda.

Sin embargo, sería un error considerar aquellos bestiarios simples catálogos llenos de equivocaciones. No fueron creados para clasificar especies con precisión científica. Quienes los escribieron buscaban algo diferente: descubrir qué significado podía esconderse detrás de cada animal.

El león podía representar a Cristo; el zorro, el engaño; y la supuesta capacidad del pelícano para herirse y alimentar con su propia sangre a sus crías se interpretaba como una imagen del sacrificio. La naturaleza se convertía así en otro texto que debía ser leído y descifrado.

Lámina medieval con un león, un zorro y un pelícano alimentando a sus crías, rodeados de motivos vegetales y celestes.
El león, el zorro y el pelícano podían convertirse en símbolos religiosos y morales dentro de los bestiarios medievales.

Puede que ahora comprendas por qué un bestiario nunca ha sido únicamente una colección de criaturas. También es un reflejo de las personas que decidieron reunirlas y de la forma en que intentaban comprender el mundo.

Las primeras huellas del bestiario

Si retrocedemos lo suficiente entre sus páginas, encontraremos una obra anónima conocida como el Physiologus. Fue escrita originalmente en griego, probablemente entre los siglos II y IV. Pero no dejes que su lengua te confunda: no pertenecía a la antigua religión griega, sino que era una obra cristiana.

El Physiologus reunía principalmente relatos sobre animales y criaturas maravillosas, aunque entre sus páginas también encontraron refugio algunas plantas y piedras. Todos ellos eran interpretados como portadores de enseñanzas religiosas y morales. Sus características servían para hablar de la fe, explicar comportamientos humanos o advertir contra determinados vicios.

La obra viajó mucho más lejos de lo que quizá imaginaron quienes la compusieron. Fue traducida a numerosas lenguas y se transformó a medida que atravesaba territorios y generaciones. Sus relatos se combinaron con conocimientos procedentes de otros textos, como las Etimologías de Isidoro de Sevilla, y terminaron alimentando la tradición de los bestiarios medievales.

Ahora bien, no imagines un único volumen reproducido fielmente una y otra vez. Nunca existió un bestiario oficial con una lista inmutable de criaturas. La selección y el orden de sus habitantes podían cambiar de un manuscrito a otro. También podían aparecer nuevas historias, desaparecer otras o modificarse sus interpretaciones.

Como las propias leyendas, los bestiarios mutaban cada vez que alguien volvía a contar su contenido.

Cronología ilustrada desde el Physiologus de los siglos II a IV hasta los diversos bestiarios medievales.
El Physiologus, sus traducciones y otros textos como las Etimologías contribuyeron al desarrollo de diferentes bestiarios medievales.

Plantas, piedras y otros conocimientos

Quizá te sorprenda descubrir que no todos los habitantes de estos manuscritos tenían garras, alas o colmillos. Algunos bestiarios permitieron que árboles, plantas y piedras se deslizaran también entre sus criaturas.

Además, el interés por las propiedades ocultas de la naturaleza dio lugar a otras clases de obras. Los herbarios reunían plantas y los conocimientos asociados a ellas, especialmente sus usos medicinales. Los lapidarios se ocupaban de piedras y minerales, describiendo las propiedades curativas, simbólicas o mágicas que se les atribuían.

No imagines, sin embargo, fronteras infranqueables entre unos libros y otros. El conocimiento medieval no siempre respetaba las categorías con las que intentamos ordenarlo ahora. Los contenidos podían mezclarse y viajar de una obra a otra del mismo modo que lo hacían sus relatos.

Bestiarios, herbarios y lapidarios compartían una misma fascinación: la idea de que animales, plantas y piedras poseían cualidades que podían ser observadas, interpretadas y convertidas en conocimiento.

Y, después de esta última revelación, quizá una duda haya empezado a rondarte: criaturas, plantas, piedras y propiedades extraordinarias… ¿no es eso lo que encontraríamos también en un grimorio?

La respuesta breve es que sí, algunos de estos elementos podían aparecer entre sus páginas, pero no estaban allí con el mismo propósito.

Bestiario y grimorio: no son lo mismo

Aunque estas páginas pertenecen a El Grimorio de las Palabras, un bestiario y un grimorio no son exactamente lo mismo.

El bestiario reunía y describía animales y criaturas, junto con las historias, características y significados que se les atribuían. El grimorio, en cambio, contenía conocimientos e instrucciones relacionados con la práctica de la magia: rituales, conjuros, talismanes, fórmulas protectoras o métodos para invocar entidades sobrenaturales.

Por tanto, una planta, una piedra o incluso una parte de un animal podía aparecer en un grimorio, pero habitualmente lo hacía como ingrediente, objeto ritual o elemento al que se atribuía un uso mágico. El interés no estaba tanto en explicar su naturaleza como en enseñar qué podía hacerse con ella.

También se utilizaban de manera diferente. Los bestiarios podían servir para la enseñanza religiosa, la lectura devocional y el entretenimiento. Sus criaturas invitaban al lector a contemplar la naturaleza, interpretar sus supuestos significados y extraer enseñanzas de ella.

Los grimorios tenían una intención más práctica. Quienes los consultaban buscaban instrucciones para fabricar un talismán, realizar un ritual, protegerse de algún peligro, sanar una dolencia o intentar comunicarse con fuerzas sobrenaturales. No eran únicamente libros sobre magia: aspiraban a enseñar cómo utilizarla.

Podríamos decir que un bestiario invitaba a leer e interpretar sus criaturas, mientras que un grimorio ofrecía procedimientos con los que intentar transformar la realidad.

Comparación ilustrada entre un bestiario de criaturas, un herbario de plantas, un lapidario de piedras y un grimorio de fórmulas y rituales.
Bestiarios, herbarios, lapidarios y grimorios podían compartir elementos, pero los reunían y utilizaban con propósitos diferentes.

El Grimorio de las Palabras no pretende reproducir por completo ninguno de estos modelos. Toma de ambos la voluntad de conservar conocimientos, reunir historias y dejar constancia de aquello que todavía no comprendemos. Sus páginas no contienen fórmulas para invocar lo imposible, aunque nunca conviene descartar por completo los efectos que puede tener una historia bien contada.

Los grimorios, en cualquier caso, guardan suficientes secretos para merecer su propia entrada. Por ahora será mejor no apartarnos demasiado de las criaturas que aguardan detrás del velo.

Cuidado con aquello que llamamos imposible

Llegados a este punto, es fácil caer en una idea muy extendida: pensar que las personas de la Edad Media creían ciegamente en todas las criaturas representadas en estos libros.

Como guardiana, debo pedirte cautela ante esta afirmación.

No existía una única forma medieval de comprender el mundo y tampoco podemos saber hasta qué punto cada autor, copista o lector interpretaba literalmente todas las historias que encontraba. Algunos aceptarían la existencia de determinados seres, otros dudarían y muchos se interesarían más por su significado que por la posibilidad de encontrarlos en algún bosque remoto.

La frontera entre lo conocido y lo imposible tampoco se encontraba en el mismo lugar que ahora. Quienes nunca habían contemplado los animales llegados de tierras lejanas dependían de testimonios, dibujos y descripciones heredadas. Cada copia podía deformar un poco más a la criatura original, hasta que resultaba difícil distinguir dónde terminaba el animal y dónde comenzaba la leyenda.

Pero su utilidad no dependía siempre de que existiera. Una sirena podía advertir de los peligros de la tentación y un unicornio representar la pureza aunque ninguno de los dos dejara huellas junto a un camino.

La verdad zoológica no era la única verdad que interesaba a aquellos libros. Las criaturas también podían guardar una verdad simbólica, religiosa o narrativa.

Los seres que escaparon de sus páginas

No puedes recorrer un bestiario medieval sin detenerte en sus ilustraciones. Animales familiares y bestias maravillosas aparecían representados con colores intensos, fondos dorados y formas que no siempre pretendían ser fieles a la naturaleza.

En muchas ocasiones, la imagen mostraba el rasgo más importante de la criatura o el relato que permitía interpretar su significado. El unicornio podía aparecer junto a la doncella que facilitaba su captura; el pelícano, alimentando a sus crías con su sangre; y la sirena, tentando a quienes se aventuraban en el mar.

Aquellas ilustraciones no se limitaban a mostrar cómo era cada ser. También contaban su historia.

Y algunas criaturas no permanecieron encerradas en los manuscritos. Escaparon de sus márgenes para instalarse en esculturas, vidrieras, tapices y otros objetos. Sus formas y significados se extendieron por el arte medieval y continuaron transformándose mucho después de que aquellos bestiarios dejaran de copiarse.

Todavía hoy sentimos la necesidad de reunir a las criaturas y reservarles un lugar donde sus historias no desaparezcan. Encontramos nuevos bestiarios en novelas, películas, videojuegos y mundos de fantasía. Ya no tienen que transmitir una enseñanza cristiana, pero conservan parte del impulso que dio vida a sus antepasados: nombrar lo desconocido, describirlo y tratar de comprenderlo.

Un grifo se transforma desde una ilustración de bestiario en vidriera, tapiz y criatura de fantasía contemporánea.
Las criaturas abandonaron los márgenes de los manuscritos y continuaron transformándose en vidrieras, tapices y nuevas obras de fantasía.

El Bestiario detrás del velo

Ahora que conoces la historia de sus predecesores, puedo mostrarte qué encontrarás aquí.

El Bestiario Velado nace de la misma fascinación que llenó aquellos antiguos manuscritos, pero no pretende convertir a sus habitantes en símbolos inmutables ni ofrecer una única versión de cada uno.

Las criaturas cambian. Cruzan fronteras, reciben nombres diferentes y se mezclan con los temores y deseos de las culturas que las acogen. Un ser protector en una región puede convertirse en una amenaza en otra. Una figura temida durante siglos puede terminar transformada en protagonista romántica, compañera de aventuras o icono de la cultura popular.

Por eso, estas páginas no se limitarán a describir su apariencia y enumerar sus poderes. Seguiremos sus primeras huellas siempre que sea posible, escucharemos los relatos que se construyeron a su alrededor y diferenciaremos entre las tradiciones antiguas, el folclore, las reinterpretaciones posteriores y aquello que la ficción moderna ha añadido.

También habrá espacio para las contradicciones. Un buen bestiario no debería fingir que conoce todos los secretos de sus criaturas, especialmente cuando estas llevan siglos cambiando de rostro. A veces encontraremos varias historias enfrentadas y otras solo podremos intuir cómo nació una leyenda. En lugar de ocultar esas grietas, nos asomaremos a ellas: con frecuencia, es allí donde se esconde la parte más interesante de un mito.

Aquí convivirán seres que reconocerías incluso por su sombra con otros cuyos nombres quizá nunca hayas escuchado. Algunos proceden de relatos religiosos; otros, del folclore, de testimonios, supersticiones, obras literarias o historias transmitidas alrededor del fuego. Todos ellos han dejado alguna huella en nuestra forma de imaginar lo desconocido.

Ya conoces las normas y has recibido la única advertencia que podía ofrecerte. A partir de aquí, la decisión de continuar es tuya.

Pero sospecho que, si has llegado hasta esta página, ya es demasiado tarde para retroceder.

Bienvenido a El Bestiario Velado. La primera criatura aguarda detrás del velo.

Unos ojos dorados observan desde la oscuridad entre dos velos azules decorados con estrellas y lunas.

Fuentes del archivo

Fuentes históricas y ediciones

• Curley, Michael J. (trad.). Physiologus. Austin: University of Texas Press, 1979.

• Isidoro de Sevilla. The Etymologies of Isidore of Seville. Trad. Stephen A. Barney et al. Cambridge University Press, 2006.

• The Aberdeen Bestiary, University of Aberdeen, MS 24, edición digital: https://www.abdn.ac.uk/bestiary/


Estudios y obras de consulta

• Baxter, Ron. Bestiaries and Their Users in the Middle Ages. Sutton, 1998.

• Clark, Willene B. A Medieval Book of Beasts: The Second-Family Bestiary. Boydell Press, 2006.

• Hassig, Debra. Medieval Bestiaries: Text, Image, Ideology. Cambridge University Press, 1995.

• Clark, Willene B., y Meradith T. McMunn (eds.). Beasts and Birds of the Middle Ages: The Bestiary and Its Legacy. University of Pennsylvania Press, 1989.

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Otras criaturas aguardan detrás del velo.

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